Maltrato Psicológico: Palabras que Matan

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El maltrato psicológico es la agresión perfecta: destruye a la víctima sin que ella lo vea. Una experta nos enseña a descubrirlo.

 

 

Cualquier mujer puede ser víctima

 

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‘Cualquier mujer puede ser víctima del maltrato psicológico’, avisa MarieFrance Hirigoyen, psiquiatra y psicoanalista francesa, autora, entre otros, del libro El acoso moral, el maltrato psicológico en la vida cotidiana.

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Estos maltratadores no salen en los telediarios; practican una violencia que no deja marcas ni derrames en los ojos: ‘Precisamente es peligrosa porque actúa de forma subterránea, sin huellas tangibles. Ni la víctima tiene la seguridad de que sea real’, afirma. Pero sí lo es; es real y cotidiana, implacable y permanente, y deja secuelas físicas y un destrozo sin marcas: la destrucción psicológica de la víctima.

 

Las palabras pueden matar aún con más violencia que los golpes‘, nos advierte la doctora, que participó en las jornadas ‘Sin equívocos, la violencia de género y otras formas de violencia en las familias’, organizadas por la Unión de Asociaciones Familiares.
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Estos maltratadores niegan la agresión, envuelven sus frases en humor, en ironía, en comentarios supuestamente inocentes que van directos a los puntos débiles de la mujer y la van hundiendo lentamente. Si la víctima se queja, recibe comentarios que la destruyen aún más: ‘Es una broma, mujer, no te lo tomes así.’, frases que inciden en que es una inestable que se toma todo a mal o una torpe sin sentido del humor.

 

El agresor niega su agresión; el problema, pues, es de ella. ‘Esta negación, incluso de los testigos, son una agresión añadida: la víctima no consigue que la escuchen’, explica la psiquiatra.

 

Violencia perversa

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Hirigoyen define estas agresiones como ‘violencia perversa’ y las describe como ‘la destrucción insidiosa de un individuo mediante procedimientos indirectos, con gestos o palabras de desprecio, humillación o descalificación, de forma frecuente y durante un tiempo prolongado’.

 

‘El agresor se crece rebajando a los demás y así evita todo conflicto interior, cargando sobre los otros la responsabilidad de lo que no marcha’, añade; se trata, pues, de ocultar su incompetencia y su debilidad.

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La relación de pareja, tal y como la describe la experta, es estremecedora: ‘El agresor nunca pierde los nervios ni eleva el tono; usa una voz monocorde y plana, manifiesta una hostilidad fría que niega cuando se hace referencia a ella‘, explica.

 

‘La causa del problema no es evidente, el agresor deja planear una sospecha sobre todo, pero rechaza hablar de lo que no marcha; esta negativa paraliza a la víctima y le impide encontrar una solución. Se deforma todo lo que pueda decir, así que siempre se encuentra en falta: es despreciada, humillada. Él se burla de ella, pero de forma sutil, de manera que los posibles testigos sólo perciban una broma anodina’, añade la experta.

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Pero lo perverso no acaba aquí, pues el maltratador consigue instalar en la pareja unos códigos demoledores: ‘El agresor domina, por tanto, sabe mejor que nadie lo que es bueno para el otro, y por eso se presenta como una violencia ejercida por una buena causa, el mal se hace por el bien de ella’.

 

El perfil del maltratador

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¿Y qué hace el entorno de la víctima? ‘Esta violencia suele ser ejercida por un tipo de hombres, el ‘perverso narcisista’: grandes seductores, muy inteligentes y que, por encima de todo, valoran el poder’, explica. Maquillan su violencia gracias a que saben dar buena imagen de sí mismos: sus agresiones son consideradas por los demás como actos o comentarios anodinos, normales, pues efectivamente no dejan de ser sólo palabras o miradas.

 

Gestos que, aisladamente, son fácilmente asumibles por una persona sana, ‘salvo que esa hostilidad sea permanente o repetitiva; el efecto acumulativo es lo que realmente destruye’, explica. ‘Los testigos, ya sea por protegerse o por ponerse del lado del más fuerte, buscan a menudo excusas al agresor; llegan incluso a sospechar que es la víctima quien ha provocado la agresión’.

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Cómo actúa un perfecto depredador

Tres rasgos convierten a este tipo de violencia en una de las estrategias más certeras para destruir al otro. Así los describe Hirigoyen, una de las mejores especialistas en la materia:.

  • TÉCNICAS HOSTILES. Ella es dócil, está sometida, arrinconada, ‘colocada en estado de inferioridad, sometida a maniobras hostiles o degradantes hasta que al final estalla y cae enferma’, describe la experta Marie-France Hirigoyen. ‘Él es el perfecto depredador’, añade.

 

  • UNA RELACIÓN DE PODER. ‘Se trata de una violencia asimétrica: uno domina al otro, generalmente a ella, que no dispone de ningún medio a su alcance para defenderse, porque es tratada como una ‘cosa’ que no tiene permitido expresarse frente a alguien que sí sabe hacerlo’, explica la psiquiatra francesa. Para él, las agresiones son una manera de conseguir lo único que anhelan: el poder sobre la víctima.

 

  • LA VIOLENCIA ES ‘FRÍA’. Las agresiones no se producen en momentos de pelea o de crisis. La violencia está ahí, permanentemente, a todas horas y durante años, en forma de pequeños ‘toques’. No hay momentos de tregua ni de reconciliación, lo que impide a la víctima recuperarse o tomar distancia para ver clara la situación.

 

 

Tratar de comprender

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La mayoría de las veces, ni siquiera las víctimas identifican esta situación como maltrato. Cuando el agresor niega los ‘golpes’, las víctimas tratan de comprender o de justificarse. Es difícil encajar que alguien que supuestamente te quiere, o a quien tú sí quieres, ejerza esa violencia sin razón contra ti.

 

Como la víctima no encuentra razones, se vuelve insegura, irritable y agresiva: es la pescadilla que se muerde la cola, pues atribuye la culpa de su angustia no al maltratador, sino a su sensibilidad o a su excesiva susceptibilidad.

 

‘El agresor alimenta esta duda y se libera de su responsabilidad diciendo que está loca, depresiva, histérica o paranoica; lo característico de la agresión perversa es arrastrar al otro a la confusión, llevarlo a perder sus puntos de referencia, a no saber qué es normal y qué no lo es’. Por eso es tan difícil de descubrir y de denunciar.

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AYUDA PSICOLÓGICA

Pero hay otro motivo por el que permanece oculta: ‘Las víctimas, por una parte, se avergüenzan de ser tratadas de esa manera, y además, se sienten culpables de lo que les sucede, tal y como el agresor les hace creer’, razona.

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En este tipo de violencia, como en todas las que se producen dentro de casa, la solución está fuera: ‘Es importante que estas mujeres reciban ayuda psicológica; necesitan recomponerse y afrontar desde una situación de fortaleza la separación’, aconseja la doctora.

 

¿La separación? ‘Sí, no existe manera de reconstruir estas relaciones con perversos narcisistas: la solución es salir de ahí; a diferencia de otras formas de violencia conyugal, no hay realmente enfrentamiento, pero tampoco reconciliación posible’, afirma.

 

 

 
 
 

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